martes, 23 de octubre de 2007

Cero en conducta (el caso vasco)

El otro día, se juntaron Ibarretxe y Zapatero en La Moncloa, todos saben para qué aunque muchos no lo entienden. Ibarretxe ha pedido cien veces hacer un referéndum regional y cien veces le han dicho que la Ley no contempla referéndums regionales. Entonces, ¿por qué esa reunión? Pues básicamente por cuestiones de necesidad. Ibarretxe necesita hacer ver a los suyos que se reafirma en sus creencias, y Zapatero necesita hacer ver a los suyos que se reafirma en sus creencias. Y ya está, poco más. Una foto y hasta luego.

No obstante, el encuentro ha sido un resumen más de lo que siempre ha sido el caso vasco: un choque de trenes incapaces de cambiar de vía. No estoy a favor ni en contra de la independencia vasca, pero de igual modo que ellos dicen que Euskadi no es España, yo digo que Euskadi no es Irlanda, como le gusta decir a Ibarretxe. No lo ha sido nunca, ni lo será hasta que haya un cambio de actitud.

Porque mientras que la actitud en Irlanda era la de... un partido que dominaba un brazo armado, la actitud en País Vasco es la de una banda terrorista que domina un partido. De este modo, mientras que el Sinn Fein aceptaba premisas del Estado inglés mientras frenaba la violencia, ETA exige sus premisas al Estado español mientras amenaza con volver a la violencia.

La actitud es vital porque nos posiciona de una manera u otra ante el conflicto. La muestra de ello fue 1998. Todos los protagonistas del caso irlandés (representantes unionistas, nacionales-católicos, partidos no confesionales, ministros de ambos gobiernos) firmaban en Belfast los Acuerdos de Stormont, documento que ponía fin al conflicto. Al mismo tiempo, en Navarra se firmaba el Pacto de Estella, donde unos cuantos partidos políticos vascos se comprometían a colaborar para frenar la violencia. Era el mismo año, sí, pero no el mismo paso histórico, porque las actitudes eran diferentes. Muestra de ello es que Stormont sigue vigente 9 años después, y Estella no llegó a durar dos años (los que tardó ETA en reclamar su protagonismo).

Irlanda acertó con su actitud. Porque en base a esa determinada actitud, los Acuerdos de Stormont no imponían, proponían. Para Irlanda del Norte, para las dos Irlandas y para las Irlandas con Inglaterra. En Stormont, cada firmante vio lo que perdía en particular como lo que se ganaba en global, haciendo del proceso algo irreversible. En Belfast por fin entendieron el diálogo como el primer paso, no como el último.

En País Vasco siguen creyendo que hay que ir al diálogo con la cabeza llena de ideas y convirtiendo el acto en un tira y afloja para ver de qué lado cae la balanza. Sin embargo, en Stormont llegaron con el maletín vacío, con la mente abierta para ver qué se podía sacar de aquellas conversiones. Después ya se concretarían los puntos y se desarrollarían poco a poco, intercambiando concesiones y compartiendo actividades. Y ahí siguen, sin un solo muerto, sin un solo ciudadano con miedo de salir a la calle.

Así que no diga Ibarretxe que Euskadi es Irlanda. No mientras todos sigan estrellándose contra su propio muro.

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